6 de septiembre de 2012

Diario de viaje. Praga I


Hoy no voy a publicar una entrada corriente, sino que voy a dar paso a una nueva categoría del blog: los diarios de viaje. Este diario en concreto está escrito por mi compañero de clase (y de viaje), así que todos los méritos son suyos. Me ha dado permiso para compartirlo por aquí, así que espero que lo disfrutéis tanto como hicimos nosotros en su día.



El itinerario que seguimos es el siguiente:

24/03/2012 (día D)
Burgos - Madrid - Praga
Praga
Praga
Praga - Viena
Viena
Viena
Viena - Bratislava - Budapest
Budapest
Budapest
Budapest
Budapest - Sighisoara (nocturno) - Brasov - Bran - Sighisoara
Sighisoara - Cluj Napoca
Cluj Napoca - Madrid - Burgos

El grupo estaba compuesto por doce personas, once compañeros de clase de la facultad, y una amiga de una de ellas. Puede parecer muchos para hacer un InterRail pero siempre hacemos en marzo un InterRail juntos para celebrar el fin de curso (un poco pronto, lo sé). Si alguno de ellos lo lee que se de por saludado. 
Pongo aquí los nombres para que vayan sonando: Elena, María, Edu, Rubén (el erasmus), Mercedes, Jimena, Silvia, Adriana, Sara, Alazne, Mónica y Jorge (un servidor). Lo que se dice, bien acompañado!

En cuanto al presupuesto, pues yo personalmente me gasté cerca de 600 euros (la mayor parte en cerveza...). Y sin contar que dos días antes estaba en Inglaterra visitando a un amigo (que también está en éste viaje) y a la sazón estaba de erasmus en Exeter. Ocho días por Inglaterra, y ya que estábamos allí y coincidía San Patricio pues nos acercamos a Dublín, salimos de fiesta, y al día siguiente a Exeter otra vez. Dos días de relax en casa y a Centroeuropa, ésto es vida. 

Bueno, dejo de dar el coñazo y empiezo con el diario propiamente dicho.

24/03/2012


Por fin llega el día esperado. Me levanto, aún cansado por la paliza de Inglaterra y la visita exprés a Dublín, y me pongo a preparar la mochila a toda prisa. A las 14 horas me preparo dos bocadillos (para la cena) y mi padre me lleva desde Sasamón a Burgos, 20 minutos de viaje, los cuales los dedico a comerme uno de los bocadillos :P. Una vez en Burgos quedo con el resto de compañeros en la estación de autobuses y van llegando por goteo. Aprovecho la espera para comprar mi billete de bus a Madrid, que con el lío del viaje a Albión no lo tengo. A las 15 horas sale el autobús, mis compañeros haciendo piña al fondo del bus, y yo adelante, sentado al lado de un simpático jubilado que me deleitó con sus ronquidos desde que pasamos Aranda. Pues nada, música y a intentar dormir y recuperar fuerzas. 

Una vez en Barajas hacemos tiempo hasta las 20:45 que sale el avión, el cual llega a Praga a las 23 y pico. La pregunta, ¿qué hacen doce burgaleses a esas horas en el aeropuerto de Praga? Pues muy sencillo, sacar coronas y pegarnos con la máquina de los billetes del bus que nos debía acercar a la ciudad, y que la muy condenada no quiere funcionar. Tras varios intentos fallidos y varios "piropos" a la susodicha máquina pedimos ayuda a un checo que nos miraba y no paraba de reírse junto con su novia. Por supuesto en inglés, y nos contesta en un castellano tan perfecto como si llevase toda su vida viviendo en Torremolinos. Y nosotros jurando hasta en Arameo con la máquina... Por fin llega el autobús del infierno lleno de yonkis checos (y algunos nos miran con ojos avariciosos), pero eso no nos importa mucho ya que enseguida nos ponemos a hacer el canelo provocando varias sonrisas a los lugareños. 

Nos bajamos en la estación de autobuses, muy recomendable de noche con sus túneles y todo eso si lo que buscas es un navajazo (o un pico si les caes bien), y andando rumbo al albergue. El albergue era el Hostel Elf. La recepción se encuentra en el segundo piso, y se entra por la parte de atrás, a la que se accede por un callejón con escaleras donde nos salió una rata que parecía haberse comido a Garfield. El albergue una gozada, el trato excelente, y las habitaciones, limpias. En general bien. Pese a la hora, y de que en la puerta del frigo había un cartel que decía que no se vendían cervezas más tarde de las 12, y lo eran, el recepcionista nos vería con tal mala cara que nos lo abrió y pudimos disfrutar de la primera cerveza checa. Por supuesto que la norma de no birras después de las 12 no lo cumplimos ningún día. 

25/03/2012


Ponemos los despertadores a las 08:30 de la mañana para pillar el desayuno, y media hora antes nos despiertan unos insistentes golpes en la puerta de nuestra habitación. Pensando que son nuestras compañeras de la habitación de al lado que vienen a despertarnos nadie mueve un dedo. Pero como siguen dando golpes y parece que no tienen intención de parar, me levanto con mala leche y al abrir la puerta suelto un ¡que ya estamos despiertos!, y una chica me pregunta en voz baja y en inglés ¿sois erasmus?. ¡Pues no!
Ya nos vestimos y bajamos a desayunar y tras las sempiternas colas para ducharse los que no hicieron por la noche, salimos a recorrer la ciudad. Yo personalmente tengo muy buenas expectativas sobre Praga y la verdad es que no me defraudó para nada. 
Llegamos hasta la torre que precede a la plaza y voilà: mercadillo, es la fiesta de la primavera. 



Encontramos un puesto donde venden cerveza casera y perritos calientes de metro, así que nos sentamos en un bordillo a dar buena cuenta de nuestro segundo desayuno. También había comida tradicional, que parecía una especie de harina o fécula de patata con berza, una verdura muy típica de allí. También vendían carne con patatas, muy delicioso y más o menos económico. 



Nuestra intención es hacer el free tour, que sale de esa misma plaza, y tenemos un par de horas, así que nos separamos y Rubén y yo nos acercamos a ver el famoso reloj astronómico y a dar una vuelta por las callejuelas de alrededor. 

Aprovechamos a comprar tabaco y una botellita de Becherovka para la petaca y calentarnos el ánima. Se acerca el mediodía y vamos como todo el mundo a ver cómo un tío toca el himno de la República (Checa) desde la torre del reloj. Cuando acaba, a Rubén le parece la mejor idea del mundo gritarle al señorito engalanado de la trompeta ¡no te sabes una de Los Suaves!, provocando las carcajadas de un grupo de paisanos que teníamos detrás y las miradas más bien curiosas del resto. Al poco nos encontramos con Elena y Sara y con ellas nos fuimos a tomar una cerveza. 



Vistas desde el "Jardín de la cerveza"
En el free tour no nos dejaban por ser un grupo tan numeroso, pero como íbamos llegando poco a poco al final entramos todos con el guía más exagerado que he conocido, aparte de que pegaba unas patadas al diccionario elegantes. Y luego dicen de nuestro leísmo, laísmo y el bendito condicional. 
Cuando estábamos llegando al barrio judío, a lo lejos vimos un metrónomo gigante, y el guía nos dijo que arriba de esa cuesta se veía todo Praga con unas vistas increíbles y que al lado había un "jardín de la cerveza" al que más tarde nos acercaríamos. Continuamos la visita por el barrio judío, la casa del Golem, el cementerio, nos contó historias de la Segunda Guerra Mundial y acabamos saliendo a la ópera, donde acabó la visita. El guía dejó bastante que desear en comparación con otros guías que hemos tenido a lo largo de nuestros interrailes (en concreto el de Amsterdam, fue perfecto).
Por supuesto, subimos los 13.000 escalones para ver el metrónomo y el famoso "jardín de la cerveza", y cuál fue nuestra sorpresa de que allí sí había un jardín, pero de cerveza nada, sólo un bar donde nos la clavaron buena. Gracias guía. Lo mejor las vistas.

Como ya era tarde y teníamos un buen tramo hasta el albergue decidimos ir rumbo hacia allí, pasando por un supermercado a hacer unas compras para la cena. Después de ducharnos y de cenar, nos sentamos en la sala común a descansar después de un largo día y a prepararnos para el siguiente. 





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